
Las empresas nunca habían tenido tantas oportunidades para comunicarse con sus públicos. Redes sociales, blogs, newsletters, artículos o reportajes en medios de comunicación, podcasts o canales propios permiten mantener una presencia prácticamente continua. En este contexto, tener una comunicación permanente se ha convertido en una parte importante de la estrategia de muchas marcas.
Desaparecer durante meses y aparecer únicamente cuando hay un producto que vender, una novedad que anunciar o una crisis que gestionar puede dificultar la construcción de una buena relación con la audiencia. Sin embargo, estar presente tampoco significa tener que hablar constantemente.
Encontrar el equilibrio entre ambos extremos es uno de los desafíos de la comunicación corporativa actual.
La importancia de no desaparecer
La relación entre una empresa y sus públicos se construye a lo largo del tiempo. Una marca que comparte información útil, explica su actividad, aporta conocimiento sobre su sector y participa en las conversaciones que le afectan tiene más posibilidades de ser reconocida y recordada.
Esto también resulta relevante en las relaciones con los medios. Una compañía que trabaja su posicionamiento durante todo el año tiene más oportunidades de convertirse en una fuente de referencia que aquella que contacta con los periodistas únicamente cuando quiere conseguir cobertura para un lanzamiento.
La constancia permite construir reputación pero sus resultados rara vez son inmediatos. Se trata de generar una presencia que, poco a poco, ayude a asociar la organización con determinadas áreas de conocimiento.
Comunicar por comunicar puede tener el efecto contrario
El problema aparece cuando la necesidad de mantener una comunicación permanente se convierte en una obligación de publicar algo todos los días, independientemente de que exista o no un mensaje relevante.
No todas las novedades necesitan una nota de prensa ni cualquier tendencia requiere una publicación en LinkedIn. Tampoco es necesario participar en todas las conversaciones simplemente para demostrar que la marca está activa.
Cuando la cantidad se impone a la calidad, el contenido comienza a repetirse, pierde interés y puede terminar saturando a la audiencia. En lugar de reforzar la presencia de la
empresa, el exceso de mensajes puede hacer que estos pasen cada vez más desapercibidos.
El papel de las agencias: decidir también cuándo no comunicar
Una buena estrategia consiste también en saber priorizar los temas. Las agencias de comunicación podemos ayudar a las empresas a identificar qué historias tienen verdadero interés, adaptar cada mensaje al canal adecuado y construir un calendario que combine actualidad, contenidos propios, conocimiento experto y momentos de menor actividad.
Además, contar con una planificación permite aprovechar una misma línea estratégica desde diferentes perspectivas sin caer en la repetición.
La comunicación permanente, por tanto, no debería medirse por el número de publicaciones realizadas al mes. Una empresa puede mantener una relación constante con sus públicos sin ocupar todos los espacios disponibles. Porque estar presente es importante, pero conseguir que el público quiera seguir escuchando lo es todavía más.


